La soledad de Ángel Gabilondo

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Bill Bernbach, uno de los Mad Men originales -esos hombres ultramachistas de Madison Avenue que, bebiendo whisky como cosacos y fumando como carreteros, inventaron la publicidad contemporánea-, estaba completamente convencido de que en algunas ocasiones plantearle a los consumidores un supuesto defecto de un producto como una virtud podía significar el argumento de venta definitivo: contar la historia de lo que se pretendía vender desde un punto de vista que al comprador no se le había ocurrido funcionaba como reclamo. Así fue como consiguió colocarle a los estadounidenses en plena era de los brillantes y gigantescos Cadillacs de Detroit, ese milagro diminuto hecho en Alemania llamado Volkswagen Beetle. El eslogan que pensó y que aún hoy se sigue enseñando en todas las escuelas de márketing del mundo decía algo tan aparentemente inofensivo como “Piensa en pequeño”.

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