La música que rescata el quechua

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Cantar en quechua se ha vuelto una forma de resistencia para muchos jóvenes artistas en Perú. Hablado por alrededor de ocho millones de personas, el idioma se difundió por Latinoamérica gracias al imperio Inca y ha resistido a la discriminación que ha sufrido desde la llegada de los españoles. Ni siquiera con la independencia ha podido alcanzar la importancia del castellano y a menudo el quechua se considera una lengua innecesaria que se reserva para conversaciones privadas.

Cuando el conflicto entre Sendero Luminoso y el estado peruano se difuminó, la Comisión de la Verdad y Reconciliación del país descubrió que el 75% de las casi 75.000 víctimas era nativos de quechua u otras lenguas indígenas. Ese periodo negro impulsó la fundación de un grupo histórico, los Uchpa (Cenizas), que lanzó un movimiento de blues y rock en quechua y se hizo portavoz de ese dolor. Bandas como Uchpa y también artistas como Yma Sumac, que llevó el idioma indígena hasta Hollywood, sirven de inspiración para la escena musical contemporánea.

Renata Flores tenía solo 13 años cuando apareció en un talent show La Voz Kids, cantando en inglés. Después de esa participación ella y su madre, que tocaba en una banda tributo de Uchpa junto a su marido, decidieron grabar un vídeo musical. Y, para diferenciarse, lo hicieron en quechua. Renata siempre sumó más visualizaciones en YouTube con sus versiones “andinas” de The Way You Make Me Feel, de Michael Jackson (Chaynatam Ruwanki Kuyanayta), y Fallin, de Alicia Keys (Wichichkamuni). Ahora, con 19 años, se ha convertido en un punto de referencia para la música en quechua, y tras algunos éxitos como Mirando la Misma Luna (Qawachkanchik chay Killallata), Tijeras y Qam Hina (Como tú), está finalizando su primer álbum, Isqun o Nueve.

“En ese tiempo no sabía en lo que me metía, porque era muy pequeña. No sabía que iba a tener un gran impacto”, dice Flores desde su casa en Ayacucho (o Huamanga). Y añade: “Entonces, cuando me empezaron a preguntar por qué cantaba en quechua fue como un baldazo de agua para mí, fue algo inesperado. Después entendí que tenía que rescatarlo, empezar a mostrar la lengua como algo importante. No deberíamos olvidarlo, especialmente nosotros, que somos peruanos. Sentía que por medio de la música podía rescatarlo y volverlo una resistencia para muchos”.

En realidad, la trapera ha tenido que aprender el quechua. Su primer acercamiento ocurrió a través de su abuela materna, que quedó sorprendida por su interés. Ahora estudia el idioma en la Universidad de Huamanga mientras adquiere independencia también en la composición. Su música mezcla el trap y el pop con los sonidos andinos con el objetivo de empoderar a la mujer indígena. En sus canciones anteriores, Flores ya ha profundizado temas de feminismo y discriminación, pero Isqun será una ópera completa sobre la epopeya de la mujer andina y el papel que ha desempeñado en el mestizaje, en la independencia y en la construcción de la sociedad peruana. Se trata de reivindicar su importancia y de condenar la relegación que ha sufrido a lo largo de este recorrido. “Siento que puedo ser la voz de esas personas que son olvidadas, siendo mujer indígena y siendo mujer”, afirma.

Por ejemplo, en Qam Hina, Flores cuenta la historia de una cantante cuyos abuelos desaparecieron durante el conflicto interno y también recurre a su trayectoria familiar. A través de la experiencia de su abuela como profesora, habla de las niñas de las zonas rurales, que caminan muchas horas para llegar a la escuela todos los días. En el vídeo, grabado en los Andes, las estudiantes cantan juntas en el coro: “Munani pukllayta. Munani musquyta. Munani asiyta (Quiero soñar. Quiero estudiar. Quiero hablar)”.

La cantante insiste mucho en el concepto de “fusión”, una de sus palabras favoritas. La cultura andina ha vivido esa fusión desde el mestizaje pero, a pesar de todo, hay quienes la han criticado por desnaturalizar el quechua con su música. “Son adultos que mi madre [también su agente] llama puritanos. Algunos dicen que no tengo la edad suficiente para representar al quechua. Siento que deberíamos evolucionar como la música ha evolucionado desde la llegada de los españoles. Otras personas me ha defendido y me ha comparado a Yma Sumac porque nadie la recibió en Perú y se tuvo que ir por lo que estaba haciendo. También me han llamado chola y serrana, comentarios así, muy desubicados”, cuenta.

Amante de la libertad

Ricardo Flores ha elegido como seudónimo Liberato Kani (amante de la libertad). Tiene 26 años, vive en Lima, pero ha aprendido el quechua durante los tres años que ha pasado con su abuela en Andahuaylas, ciudad del departamento de Apurímac. En su hip hop relata la realidad del campo, sus recuerdos y recurre al bagaje musical de su padre y su abuelo, ambos músicos de Taril y Huayno. “El quechua es resistencia”, le gusta decir.

Empezó a rapear en el colegio y, tras unos años con un grupo llamado Quinta Rima, compuso su primera canción, Hip Hop Ruachkani (Hip Hop Estoy Haciendo), dedicada al campo de Apurímac. Otros temas hablan de viajes, de la rebeldía andina y “del encuentro entre el mundo occidental y el andino”. Además de ser músico es también docente de historia y uno de sus sueños es “que se hagan estudios con el quechua, no sobre el quechua”. En otra entrevista dijo: “Desafortunadamente, no es conveniente para [los pueblos indígenas] existir en el siglo XXI, porque sería el fin de carreras académicas, proyectos de investigación, el fin del turismo antropológico”.

Kani quiere que el quechua desempeñe un papel activo en la sociedad y con sus canciones intenta luchar contra la imagen despectiva que proyecta: “Cuando el quechua se adapte un poco más a mostrar otras expresiones será mucho mejor. El ciudadano peruano no va a pensar que si uno se viste de una manera no puede hablar quechua y todas estas ideas se van a tumbar cuando el quechua esté por todos lados. Mostrar algo en quechua no será una cuestión de asombro, sino una cuestión natural. Uno no está investigando a una persona que habla español. Nadie dice nada si alguien que habla castellano se viste de cierta manera, pero sí se juzga al poblador andino. Juzgas a tal persona, pero a otra no”, zanja desde su casa en Lima.

Su segundo disco, Pawatpai (Despegando), está en proceso. Ahí habrá también charango, rock y rap, según adelanta. Este es también el año de su graduación: “Un bonito año para terminar la carrera”, bromea. Cuando el mundo vuelva a funcionar tras la pandemia tiene planeado impartir talleres de rap en quechua viajando por zonas indígenas como Cuzco y Ayacucho, ademas de volver a su Apurímac.

Él y Renata Flores, pese a tener el mismo apellido, no son parientes, pero comparten el mismo quechua, la variedad chanca, además del mismo movimiento musical con otros artistas como Sylvia Falcón, Damaris o Kayfex. El protagonismo del quechua en la música está destinado a crecer, así como su legitimidad.



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