La detección del covid con la mina de un lápiz

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Una sanitaria ofrece un test rápido a una joven que pasea por Carnaby este lunes en Londres.FACUNDO ARRIZABALAGA / EFE

César de la Fuente Núñez, el biotecnólogo gallego reconocido con el último premio Fundación Princesa de Girona de Investigación Científica y responsable de diferentes equipos científicos de la Universidad de Pensilvania, lleva meses advirtiéndolo: el control de la pandemia, además de vacunas, precisa de un comportamiento social adecuado (mascarillas y distancia) e “intervenciones de salud pública para identificar a los contagiadores”: “La medida importante para prevenir futuras infecciones es saber si la persona es contagiosa, no si está o no infectada con el virus”. Sus laboratorios en Estados Unidos han desarrollado ya dos dispositivos de detección de la covid rápidos y baratos, elementos que un estudio publicado en PLOS Computational Biology considera fundamentales al defender que es mejor cantidad que calidad de test para cercar a la pandemia.

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El último dispositivo creado por los equipos de César de la Fuente, recogido en la revista PNAS, permite “diagnosticar la covid de manera rápida y barata a partir de minas de lápices”, según relata el investigador. El trabajo parte de la necesidad urgente de pruebas de alta frecuencia para ayudar a prevenir la propagación de la covid. Con este objetivo, han desarrollado el Diagnóstico Avanzado Electroquímico de Bajo Costo (LEAD, por sus siglas en inglés), una prueba que detecta el SARS-CoV-2 en 6,5 minutos y que cuesta un dólar y medio (1,27 euros) por unidad.

La gran ventaja del dispositivo es que utiliza materiales comunes, disponibles en todo el mundo y de fácil ensamblaje, como los cables de grafito modificados y un vial de plástico. Su sensibilidad es comparable a la de dispositivos considerados como “estándar dorado”, la referencia internacional marcada por las conocidas PCR, y arroja resultados del 100% en muestras de saliva y cercanos al 90% en pruebas nasofaríngeas. Tras ser ensamblado, mantiene una vida útil de cinco días si se almacena a cuatro grados centígrados.

Una investigación concluye que el uso de solo pruebas rápidas y baratas permitiría resultados similares a los arrojados por las PCR en el control de la pandemia si el número de personas analizadas es lo suficientemente alto

No es el primer dispositivo creado por los equipos de César de la Fuente en los departamentos de Bioingeniería e Ingeniería Química y Biomolecular de la Universidad de Pensilvania. Han patentado también el método Rapid, recogido en la revista científica Matter y que consiste en un “biosensor miniaturizado, simple, portátil y altamente sensible” que detecta el SARS-CoV-2 utilizando un milímetro cúbico (una gota de agua son aproximadamente 50 milímetros cúbicos) de muestra en 240 segundos y con una sensibilidad que oscila entre el 85,3% y el 100% según el origen del fluido (nariz, faringe o saliva). El precio de cada prueba es de 4,67 dólares (3,81 euros).

De la Fuente explica que los tests rápidos son baratos y se pueden realizar en casa o en las inmediaciones de un evento que prevea una participación masiva sin esperar días para conocer el resultado: “Son la mejor herramienta que tenemos para identificar al individuo infeccioso e intervenir inmediatamente”.

Sus propuestas coinciden con las de Philip Cherian y Gautam Menon, de la Universidad india de Ashoka, y Sandeep Krishna, del Centro de Ciencias Biológicas del mismo país. A partir de un análisis computacional de las pruebas de covid, estos científicos concluyen que, para minimizar el número de infecciones en una población, la cantidad de pruebas importa más que la sensibilidad de las pruebas que se utilizan. Los resultados se han presentado en PLOS Computational Biology.

Los tres científicos han realizado simulaciones de cómo se propaga el covid en función de la movilidad de las personas y calcularon el número total de infecciones que ocurrirían en cada escenario. El análisis indica que el uso de solo pruebas rápidas y baratas permitiría resultados similares a los arrojados por las PCR en el control de la pandemia si el número de personas analizadas es lo suficientemente alto. Esta conclusión facilitaría el seguimiento de los contagios primando la cantidad sobre la sensibilidad de la prueba y a un coste muy inferior. Frente a los 1,27 por test del último dispositivo presentado por De la Fuente, una PCR puede costar una media de 150 euros.

La conclusión es especialmente relevante para aquellos países con menos recursos, ya que podrían lograr resultados óptimos concentrándose en aumentar las pruebas con métodos que, aunque sean menos sensibles, proporcionen resultados inmediatos.

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