Badalona homenajea a un mago pionero del comercio de ilusiones

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Un momento de la actuación del Mag Edgard.Andrea Zappa

Badalona mantiene, con inevitables recortes, su festival de magia a pesar de la pandemia. Este fin de semana celebra cuatro sesiones de la tradicional gala en el teatro Zorrilla, que se abrió el viernes con el homenaje a Josep Maria Llàcer, mago y propietario de la tienda barcelonesa Selecciones Mágicas. La fundó en 1973 con un servicio de atención al cliente por correspondencia que se anticipaba al actual comercio en línea. Como recordó el director del festival, Enric Magoo, Llàcer vivió con pasión la magia desde pequeño. Ilusionista y fabricante de trucos -construyó máquinas para la desaparecida Scala- “siempre ha estado abierto a enseñar a los magos que se le acercaban”. Llàcer, 72 años, recordó lo que ha disfrutado con la magia y todo lo que aprendió del mago Joan Forns, el badalonés Li-Chang, a cuya memoria se dedica el festival, ya en su 21ª edición.

El programa de este año ha tenido que encogerse y encerrarse en los teatros, anulándose la agenda de actividades en otros recintos. Ha podido mantener, con todo, el taller de magia como recurso didáctico para profesores que se ha celebrado por vía telemática.

La gala principal ha invitado a magos de muy diversas disciplinas. La noche del estreno, ninguno de ellos habló durante su actuación, lo que destacó la animada labia del presentador, Karim, mago y monologuista cuyas ocurrencias divirtieron a una sala con una ocupación restringida. Esta medida preventiva forzó la ausencia de la comunidad de magos que cada año asiste para disfrutar del arte de sus colegas.

Tras un ejercicio de dibujos evanescentes trazados con luz sobre una pantalla por parte de Rolanda, Rubén Vilagrand se presentó con una maleta. Corbatas, zapatos y pañuelos le sirvieron para organizar una mágica y risueña sesión de cine mudo. La portuguesa Solange Kardinaly presentó un ejercicio de transformismo con veloces cambios de indumentaria. Inició su actuación con modelos muy ceñidos que no parecían poder ocultar todo el repertorio que lució. Marco Zoppi dió un recital de burbujas de jabón. La magia de gran escenario estuvo a cargo del catalán Mag Edgard, con una generosa producción para mostrar ilusiones como la levitación. Ni tan siquiera una maleta necesitó Héctor Mancha. Solo en el escenario, con la camisa arremangada, hizo aparecer infinidad de cartas en un espléndido ejercicio, difícilmente superable, en el que, a la dificultad técnica de cargar las cartas sin que el espectador lo advierta, se añadía una inquietante sobriedad estética. Badalona volvió a convocar al asombro.

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